El caso Faraday

Han coincidido en el tiempo una lectura de La utilidad de lo inútil de Nuccio Urdine (hablo más adelante del libro) y la revisión de la serie documental Cosmos de la plataforma de Netflix, presentada por Neil Degrase Tyson. Aunque no tiene la poética de la serie Cosmos de Carl Sagan que vimos en los años 80, resulta también de gran calidad. El capítulo dedicado a la electricidad es magnífico. En él relata a grandes trazos la vida de Michael Faraday y de cómo fue el responsable, junto con J. C. Maxwel de que la electricidad se extendiera por el mundo.

El caso Faraday es digno de estudio, o por lo menos de formar parte de nuestra cultura científica. A Faraday le gustaba aprender y experimentar. Su intuición e inteligencia le permitieron dirigir una de las instituciones científicas más importantes de Inglaterra. La narración de su historia debería ser de obligada revisión para nuestros estudiantes. De hecho, también lo debería ser toda la serie Cosmos, con sus “dos temporadas”.

¿Para qué me sirve derivar?

El caso Faraday

Las siempre complicadas matemáticas (foto Geralt, pixabay)

Por supuesto, nos referimos a hacer derivadas, no a divagar. ¿Es útil la ciencia que se enseña en los institutos? Una versión de esta pregunta es la que encabeza este apartado, que a veces escucho durante mis clases.

Faraday no pudo completar su educación escolar. No tenía los conocimientos matemáticos que le hubieran permitido obtener los resultados que más adelante consiguió Maxwell. Este dio formato matemático a los campos y líneas de fuerza que Faraday había intuido y que hoy se estudian de forma natural en nuestros institutos. Y sigue siendo, pese a todo, un concepto complejo.

Las derivadas a las que me refiero en el encabezamiento (y sus parientes, las integrales) han permitido el desarrollo de la electricidad y de la civilización. Con sus cosas malas y también sus muchas cosas buenas. Su conocimiento permite hacer cálculos muy útiles y tienen innumerables aplicaciones prácticas.

Para poder avanzar en cualquier campo del conocimiento hay que saber los fundamentos, aunque sean áridos o abstractos. Esto es aplicable tanto a los estudios científicos como de letras.

¿Por qué hay que estudiar cosas que no vamos a utilizar en el futuro?

Útil/inútil (foto Geralt, pixabay)

Es verdad que tenemos que estudiar a lo largo de nuestra vida de estudiantes muchos conceptos que posteriormente olvidaremos.

Sin embargo, la evolución de la ciencia es esencial para comprender la situación de la humanidad. El progreso científico nos ha situado donde estamos. Vale la pena conocer que no estamos aquí por arte de magia.

Y también el desarrollo de la historia, la filosofía, el arte, nos hablan de nuestro propio desarrollo. Es evidente que no se puede saber de todo, pero sí que debemos tener un mínimo de cultura general.

Siempre es posible, creo que a todos nos ha sucedido, que tengamos que echar mano de algún conocimiento que nos parecía olvidado. Entonces no viene mal recordar que un día lo tuvimos que estudiar y sabremos cómo utilizarlo.

¿Para qué nos sirve dedicar recursos a la investigación básica?

La investigación de base, en la que algunas mentes privilegiadas intentan explorar los nuevos dominios del conocimiento es la que más sufre en épocas de crisis. En el ensayo que he citado al principio, titulado “La utilidad de lo inútil” de Nuccio Urdine se hace un recorrido a lo largo de la historia sobre la mala prensa que ha tenido el hacer cosas aparentemente inútiles. El ensayo tiene su base en el texto de un educador norteamericano llamado Abraham Flexner, “La utilidad del conocimiento inútil”, en el que se pone el ejemplo de Marconi. Si bien éste consiguió llevar a cabo procedimientos que cambiaron el curso de la historia, lo hizo porque otros pusieron los andamios. Estos, a diferencia de Marconi, no perseguían el lucro, sólo el conocimiento inútil.

En definitiva, es de enorme importancia dedicar recursos al conocimiento en sí, sin ánimo de obtener nada a corto plazo. Pero con la absoluta seguridad de recoger una buena cosecha de esta siembra inútil. Esta seguridad está muy arraigada en el mundo anglosajón. En España es una asignatura pendiente.

Abraham Flexner fue uno de los fundadores del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, dedicado a que los investigadores encuentren el lugar ideal para pensar, sin obligaciones. Un instituto para el estudio de cosas inútiles donde, entre otros, trabajó Albert Einstein.

Vuelvo a insistir en que todo lo que digo es aplicable a otras ramas del conocimiento. Las humanidades entran dentro del conocimiento inútil que debe ser considerado un saber fundamental en el desarrollo futuro de la humanidad.

El documental Cosmos

El caso Faraday

EL hombre y el Cosmos (pixabay)

En documentales como Cosmos, a space odissey, que ha mantenido el formato y el estilo de su predecesor, tenemos un maravilloso ejemplo de cómo se puede gastar dinero en la “inutilidad” de un extraordinario documental. Además de la historia de Faraday, ya citado, llama la atención la presencia de muchas mujeres científicas injustamente olvidadas.

Así, nos enteramos de las contribuciones de auténticas desconocidas, como Marie Tharp, que contribuyó de forma decisiva a asentar la teoría de la tectónica de placas de Wegener. Su contribución, sin embargo, no aparece en la wikipedia en inglés en el artículo de tectónica de placas, aunque sí la del compañero con quien colaboró, Bruce Heezen. Lo que demuestra que todavía queda mucho por hacer.

O el caso del estudio de las galaxias, donde la contribución de las mujeres fue decisiva en la astronomía. En concreto, el gran trabajo de Annie Jump Cannon, como parte del grupo de computadoras de Harvard.

La educación debe contribuir a acercar de manera sencilla este conocimiento inútil que nos ha llevado tan lejos. Y debe contribuir a educar en la igualdad de género. Ambos objetivos están muy presentes en la segunda entrega de Cosmos.

No pensaba que me fuera a gustar tanto como aquel legendario Cosmos que vi en los 80, sin embargo es de extraordinaria calidad. Como ya he indicado. el magnífico capítulo de Faraday debería ser de obligada visión por parte de nuestros alumnos.

(Imagen de cabecera: pixabay)

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