En la primera entrada que escribí sobre la epidemia de COVID-19 estábamos en pleno confinamiento (abril 2020), pero mi mensaje fue bastante optimista.

En la segunda entrada dedicada al mismo tema me vine arriba (2 de junio), porque estrenábamos la fase 2 y todo indicaba que a finales del mes de junio acabaría el estado de alarma. La epidemia está en sus últimos coletazos, escribí en la entrada.

El estado de alarma finalizó, en efecto; los últimos coletazos, no. Durante el mes que llevamos desde la finalización del estado de alarma, los casos de nuevos contagios no han hecho más que aumentar.

Estamos ya en el mes de agosto de un año que va a ser muy extraño y de muy duras consecuencias económicas. A día de hoy no sabemos cuándo podremos combatir al virus, ni si quiera si podemos controlarlo. Y la desinformación general a nivel mundial resulta descorazonadora. Quizás porque todavía se trabaja dando palos de ciego.

¿Qué hacer?

Hay que mirar hacia el futuro. Tratar por todos los medios si no de vencerlo, al menos controlar al virus. Hay muchos meses de experiencia acumulada y aunque los contagios están siendo elevados, el número de fallecidos es reducido.

En el momento de escribir estas líneas, en ningún cine ni ningún restaurante se han detectado brotes. Tampoco en reuniones controladas. Es decir, algo debemos estar haciendo bien.

Hay que llevar mascarilla y acostumbrarse durante un tiempo a no saludar efusivamente ni a los amigos, ni a la familia que no vemos de forma habitual. Vale la pena el pequeño sacrificio.

¿Adónde quiero llegar?

De momento, a Estados Unidos. Y al lanzamiento de un cohete que lleva el rover perseverance, aunque aquí no demos mucha importancia a las cosas de cohetes. Que inventen ellos.

Estados Unidos tiene más de 4,5 millones de contagiados y supera los 150000 muertos por COVID-19 (a finales de julio de 2020). Y sigue tirando cohetes. Con la que está cayendo y se gastan enormes sumas de dinero en lanzar cohetes.

No solo se gastan el dinero en lanzar cohetes, también lo hacen en combatir al virus. Y siguen avanzando. Saben que lo que gasten en las misiones espaciales es una inversión a muy largo plazo. Inversión que no depende de los 4 años que esté un presidente que pueda caer más o menos bien al resto del mundo.

Hasta es posible que los desarrollos tecnológicos de la exploración espacial puedan ayudar a combatir las epidemias en la Tierra.

En resumen: mirar hacia el futuro

No parece que Estados Unidos esté gestionando bien la epidemia. Pero me temo que ningún país del mundo lo esté haciendo.

Lo que sí hacen es mirar hacia el futuro. Aquí, en España, solo hay una realidad, el coronavirus y una serie de datos, día tras día, que lo único que sirven es para confundir.

Podemos quedarnos paralizados por el miedo. O ponernos una mascarilla, mantenernos alejados de nuestra familia y amigos, aunque nos duela y empezar a lanzar cohetes. Cohetes hacia el futuro, como están haciendo países más avanzados que el nuestro.

En el rover perseverance, del que hablaba antes, hay tecnología desarrollada por un equipo coordinado por la Universidad de Valladolid. Parece que por fortuna, aunque nos quede mucho, no solo inventan ellos. Este debería ser el camino a seguir.

(foto portada: pixabay)

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