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Se ha escrito y hablado mucho acerca del tuit de un profesor de Barcelona en el que decía que ya no podía más. La situación de la enseñanza en España no es fácil, creo que nunca lo ha sido. Demasiadas reformas educativas en poco tiempo y parece que nadie es capaz de dar con la solución ideal.

Según indican en el artículo que enlazo, el profesor, al parecer, se marchó de su trabajo como ingeniero en Volkswagen para hacer su sueño realidad.

Creo que la manera más rápida de hacer un sueño realidad es, si se puede, ir por el camino más recto. Si estás en Madrid y quieres ir a la playa en Valencia, no pasas por los Pirineos. O quizás sí, en función de tus conocimientos de geografía y donde te pueda llevar un GPS despistado.

Particularmente pienso que es muy significativo el «al parecer» que utiliza la periodista. ¿Acaso le falta información o el profesor no ha querido ampliarla?

Si tenemos en cuenta que el salario de ingeniero supera (o quizás no era el caso y era uno de los problemas) el salario neto de un profesor, aparte de la vocación ¿hay otras razones para el cambio desde la Volkswagen? ¿Quizás el deseo de un trabajo estable y cómodo?

Bienvenido al mundo real: en todos los trabajos hay problemas y responsabilidades que asumir.

Dicho esto, no envidio la posición de los profesores en los tiempos que corren. Estoy convencido de que la situación que comenta el profesor es cierta, otros muchos docentes han relatado situaciones parecidas.

Los estudiantes tienen demasiadas fuentes de información que no son capaces de controlar. Se les ha engañado diciéndoles que eran nativos digitales y están acostumbrados a creerse los reyes del mambo y a pensar que saben más de lo que realmente saben.

Tienen toda la información en el móvil, ¿para qué más?. Y menos mal que todavía no se han enterado de la existencia de chatGPT. O seguro que sí. Así que la cabeza, ¿para qué?. El sueño de algunos políticos, que se estarán frotando las manos.

Lo peor es que la culpa no es de ellos, sino de la sociedad en la que viven y, en parte, de la educación que reciben en casa.

El consumismo propio de la sociedad capitalista occidental cuesta dinero. Con la entrada del euro ya hubo un subidón de precios considerable, que está olvidado. En este último año ha vuelto a haber otro subidón. Las cosas cuestan más y el esfuerzo que hay que hacer para ganar dinero cada vez es mayor, no menor. Y da la impresión de que cada vez se exige menos. El problema es que, una vez acostumbrados a lo bueno, cada vez costará más hacer un pequeño esfuerzo para lo que sea.

Pero hay otro problema añadido: la realidad es que no a todo el mundo se le exige menos, por lo que si mantenemos a mucha gente en un bajo nivel de exigencia, al final estaremos creando, otra vez, nuevas élites, que es lo que se quería evitar.

Y la idea de partida no es mala: intentar que los estudiantes no se desmotiven o se agobien o se rindan. El problema es que ni se agobian, ni se rinden, ni estudian, menos si saben que no va a haber consecuencias a corto plazo. Por supuesto, toda generalización es simplista, pero todos hemos sido niños alguna vez. Y a los niños hay que educarlos, tienen que reconocer los límites y aprender a esforzarse.

Porque estoy convencido (y muchos padres también lo están) de que se aproximan tiempos difíciles.

Los profesores que gestionamos una academia

También nos preguntan: «Esto no lo voy a usar nunca, ¿por qué tengo que perder tanto tiempo en hacerlo?». La respuesta «todo ladrillo hace pared» no convence a ningún joven que, como es lógico, prefiere escoger los ladrillos.

Por otra parte, a veces les sorprende que alguien se dedique a esto. Me han llegado a preguntar en la academia: ¿no te aburres explicando todo el tiempo matemáticas?. Es difícil convencer a alguien tan joven que cuanto más sabes de un tema (o más bien, cuando controlas una pequeña parcela), mejor se entiende todo el conjunto y más puede llegar a emocionarte.

Yo estoy en esta pequeña academia que abrí hace 6 años, haciendo un trabajo que me encanta y que me ha gustado siempre: enseñar y aprender. Esto lo notan cada día los alumnos y alumnas en mis clases, es algo que no se puede disimular.

Por ejemplo, es una satisfacción personal cuando le dices a un alumno que vas a aplicar reductio ad absurdum (reducción al absurdo) en una demostración de matemáticas, ves cómo se le abren los ojos y como si hubiera hecho un gran descubrimiento te dice: ¡si eso los hemos estudiado en clase de filosofía! Hacen falta años de paciencia y estudio para comprender este tipo de «relaciones mágicas», en este caso, entre filosofía y matemáticas (ya sabéis, ladrillo a ladrillo).

Pero debo añadir que estudié ingeniería porque mi sueño era hacer una carrera científica y la carrera de ingeniero era perfecta para lo que yo quería, tanto profesional como intelectualmente, como he llegado a apreciar con el paso del tiempo.

El colapso de la construcción y las sucesivas crisis me llevaron a abrir este pequeño pero satisfactorio negocio.

Yo tengo una ventaja con relación a los profesores de la enseñanza reglada: a la academia acuden estudiantes que necesitan ayuda y quieren recibirla. Y también son conscientes del esfuerzo económico que hacen sus padres. Cuando acaban sus exámenes y aprueban, tienes clientes contentos que te dan las gracias.

Es más difícil vivir situaciones de tanto estrés como las que cuentan los docentes de colegios e institutos. Pero también una academia tiene desventajas, sobre todo en verano, como todo el mundo puede imaginarse.

Las academias privadas, además, deben pagarse, otro problema en tiempo de crisis. Si pensando en que las clases menos pudientes no se pueden pagar clases particulares, reducimos las exigencias para no perjudicar a los menos favorecidos, el resultado final será que las clases más pudientes serán también las más preparadas. Volvemos al problema del elitismo.

¿Soluciones? Quizás:

  • Mejorar la motivación y formación de los profesores. Incluir de alguna manera incentivos.
  • Apretar más a los alumnos y alumnas, que se acostumbren a esforzarse más, que entiendan lo que cuestan las cosas.
  • Clases de refuerzo en los propios colegios (lo que ya se hace, para corregir los efectos de la pandemia)
  • Hacer una formación que motive a los estudiantes.
  • Inculcar la cultura del respeto mutuo, que a veces parece que no está muy clara. «Te pagan para que nos aguantes» es una falta de respeto injustificable, cuyo origen es una grave falta de educación.

El problema de la enseñanza en España no es fácil, pero todos sabemos que no podemos tirar la toalla. La educación, en definitiva, es la base de una sociedad civilizada.

(fotografía de portada: ugglemamma, pixabay)