Imaginemos un país pobre y unos niños en un cobertizo. Hoy es un día importante. Y la radio no funciona. William Kamkwamba se ofrece a arreglarla y lo consigue. Mueve poco a poco el dial, sonidos agudos que oscilan, voces a medias de lejanos locutores, noticias de dos aviones que se han estrellado en Nueva York… y, por fin, la emisión del partido de fútbol.

Dos mundos, el rico y sus problemas y el pobre y los suyos.

Solo para Netflix y estrenada hace muy poco, nos llega una película dura pero muy recomendable. Especialmente para aquellos que se preguntan para qué sirve estudiar.

En “El niño que domó el viento” podemos palpar la pobreza de un país africano, Malaui, a principios del siglo XXI.

Incluso en este país pobre hay personas que están convencidas de que la solución de sus penurias es la educación.

Así son los padres de William Kamkwamba, pobres, pero quieren que su hijo estudie.

La siembra, la cosecha, la hambruna, el viento

cambiar el mundo
Un enemigo implacable: la sequía (foto: seak68, pixabay)

La película se divide en pequeñas secciones ligadas a las faenas agrícolas. La vida y la muerte giran en torno a las cosechas. Si no hay cosechas, no hay dinero ni se come. Aparece la hambruna, que se adueña de todo.

De todo, menos de la ilusión de un niño que un día se fijó en la luz de la dinamo de una bici. Otro día leyó un libro sobre molinos de viento. Y otro día, en sus visitas al vertedero, encontró una bomba de agua.

Todo lo que hacía falta para poder regar una amplia zona y devolver la vida a su pueblo.

Una historia de superación y de esperanza, una historia que todavía no ha concluido. Aún hoy es demasiado grande la población de África que está sujeta a las inclemencias de la pobreza.

¿Puede un niño arreglar el mundo?

Pero, ¿es verdad que un niño puede idear un sistema que permita regar unos campos?. Lo es, además el comprender cómo lo consigue está al alcance de todo el mundo.

Y ese es uno de los méritos de la película.

Resulta asombroso, durante los talleres de robótica que he impartido, las soluciones o los comentarios llenos de imaginación de los niños ante un problema, bien sea propuesto o que surge de manera natural. Personas muy jóvenes, pero que son capaces de atar cabos cuando tienen información suficiente y asequible.

EL niño del que habla la historia ha utilizado el recurso técnico que ha hecho desarrollarse toda la civilización occidental: la generación de electricidad cuando un conductor eléctrico se mueve en el interior de un campo magnético (un imán). Es el principio de funcionamiento de una dinamo como la que utiliza el protagonista de la película.

A la película no le faltan los ingredientes de la tensión familiar, de la incomprensión ante la novedad. La misma problemática que todas las sociedades sufren ante la presencia de cambios.

A modo de conclusión

No es agradable ver en una película los efectos del hambre. Pero sí el comprobar que puede usarse el cine, entre otras muchas cosas, como herramienta educativa.

El cine, una herramienta para la educación (foto: ErikaWittlieb, pixabay)

¿Somos capaces de imaginar lo que para unos padres supone el no poder dar de comer a sus hijos?

En ciertos países de África, la sociedad depende directamente de las cosechas. Si estas van mal, el gobierno, muchas veces corrupto, es incapaz de atender a las necesidades de la población.

Sabemos que en el mundo occidental existe también corrupción.

Las penurias de mucha gente en nuestra sociedad opulenta son la mayor representación de la corrupción moral de nuestra sociedad, a cuya cabeza está la clase política.

En el estadio en que se encuentran muchos países de África, existe el convencimiento de que la educación es básica para salir de la pobreza.

En países como España, la educación es una necesidad asumida desde hace años.

Sé que no es comparable, ni de lejos, la situación de un país pobre con la situación de nuestro país.

Sin embargo, cada uno a su nivel, tiene sus obligaciones. La nuestra es fomentar la investigación y el desarrollo y, ante todo, construir un buen sistema educativo. Entre todos, aunque parezca una misión imposible.

Es nuestra única salida si queremos que todo el mundo tenga un nivel de vida digno en un futuro próximo.

Para finalizar, podéis escuchar a William Kamkwamba, que cuenta su historia en una de las prestigiosas conferencias TED.

(foto de portada: pixabay.com)

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